Even Canaillou, el socio querido e insustituible de Andolini en Lyon, había estado pendiente de un reencuentro por mucho tiempo. Los dos hombres no se habían visto en algún tiempo, y era crucial organizar un nuevo momento juntos. Canaillou, bien consciente de la preferencia de Andolini por tomar la iniciativa, estaba ansioso por ofrecerle la oportunidad de indulgir en sus deseos una vez más.
A la llegada de Canaillou, los ojos de Andolini se dirigieron inmediatamente a la garganta profunda e invitadora de Canaillou. Sin dudarlo, Andolini se puso manos a la obra, saboreando el placer de explorar la boca dispuesta de Canaillou. La experiencia fue pura dicha para Andolini, quien se deleitó con la sensación de ensanchar, abrir y taponar el ansioso agujero de Canaillou.
Su reencuentro fue un asunto apasionado e intenso, con Andolini tomando el control total y Canaillou sometiéndose con entusiasmo a cada uno de sus deseos. La conexión entre ellos era palpable, mientras se entregaban a un momento de placer puro e incontaminado.