En el corazón de Lyon, en un pequeño y tranquilo edificio residencial, vivía Andolini, un hombre cuya curiosidad a menudo se imponía. Le encantaba observar a sus vecinos y descubrir los secretos ocultos tras las puertas cerradas. Un día, se mudaron dos nuevos inquilinos: Baptiste y Antoine. Parecían amigables, y Andolini no perdió tiempo en presentarse, ofreciéndose a ayudar a llevar sus cajas arriba. Los dos hombres aceptaron con gusto, y siguió una breve pero cálida conversación.
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